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EN DEFENSA DE LA COMUNICACION LIBRE

A raíz de la reciente adquisición de WhatsApp por parte del gigante de las redes sociales Facebook, la reflexión que debemos hacer a parte de la inmensa operación financiera que supone esta compra, es la repercusión sobre la ingente cantidad de datos personales y comunicaciones de millones de personas que pasan a manos de una empresa privada.
Todo ello bajo software privativo y en servidores privados con la consiguiente pérdida del control de la privacidad de nuestros datos.
He encontrado un artículo excelente sobre este tema en : http://www.etccrond.es/2014/02/en-defensa-de-la-comunicacion-libre.html

Cuya reflexión y contenido comparto. 

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Ayer Facebook anunció la compra de WhatsApp. Esto no sería más que otra noticia de finanzas que quedaría fuera del tema de este blog si no fuera porque esta operación, al contrario de lo que han dicho las partes implicadas, esto implicará menos privacidad y protección de los datos de los usuarios. Sí, es cierto que WhatsApp no era ni libre ni seguro antes de ser comprado por Facebook, pero ahora toda la información que han obtenido servirá a los intereses de una red social que, como sabemos, vive de permitir el uso de nuestros datos a anunciantes. Y dado el ingente volumen de usuarios que tiene WhatsApp especialmente en Europa, podemos decir que esta ha sido una operación de lo más interesante para la empresa de Mark Zuckerberg. Así pues, al hilo de estos acontecimientos, he querido seguir los pasos de los grandes compañeros del blog Comunícate libremente e intentar que los lectores (también los menos técnicos) os intereséis por las alternativas libres y seguras que existen hoy para comunicarnos entre personas sin barreras ni dejar de lado nuestros derechos.

Empecemos por lo básico: ¿por qué es importante contar con servicios de comunicación que sean libres? Como sabéis, "libre" aquí no se entiende por gratuito, sino que se trata de que el código del servidor y de los clientes (los programas que se conectan al servidor) ofrezcan su código públicamente y permitan que cualquiera pueda modificarlo, ya sea para corregir problemas, mejorar aspectos o adaptarlo a necesidades particulares. Ni Twitter, ni Facebook, ni WhatsApp, ni Line, ni Google permiten nada de esto: solo ellos saben cómo funciona su servicio y no permiten que nadie se meta a modificar nada, ni siquiera si es una mejora.

El hecho de no saber cómo funcionan ni qué hacen con nuestros datos se suma al hecho de que estas redes sociales saben muchísimo de nosotros. En parte, lo saben porque se lo hemos dicho nosotros, pero por otra parte, a) porque la deducen de los datos entregados o b) porque nos la extraen sin nuestro consentimiento de múltiples maneras; por ejemplo, el solo hecho de entrar en Facebook sin desactivar la casilla de "recordar sesión" permite que esta red social conozca qué páginas visitamos (cuando estas páginas tienen algún objeto de Facebook incrustado, ya sea un botón "Me gusta" o el widget de seguidores, que ya he quitado de este blog). Otra forma de espiarnos (porque eso es lo que hacen cuando consiguen información sin que se la demos explícitamente) es a través de las aplicaciones de móviles que, al no ser libres, no sabemos exactamente cómo utilizan la enorme cantidad de permisos invasivos que piden para poder ser instaladas. Facebook podría, en algún momento, rastrear la ubicación de los usuarios de la aplicación para Android, sin respetar la configuración de privacidad de la aplicación. Y cuando digo Facebook, incluyo todas las demás, por supuesto.


La razón es simple: la información, algo tan volátil y abstracto, se ha vuelto un negocio en sí mismo. Así como antes de la aparición de las redes sociales estaban de moda los discos con bases de datos de potenciales clientes, hoy hay empresas dispuestas a pagar por obtener información de los millones de usuarios de la red para vendernos productos. ¿Es esto legítimo? No. Si a uno de nosotros nos preguntaran si queremos que nos instalen una cámara de vigilancia en el cuarto de estar de nuestra casa (no hablemos de las habitaciones) para que una empresa de alimentos pueda ofrecernos ofertas interesantes basadas en nuestros hábitos alimenticios, ¿lo aceptaríamos? Seguramente no, porque nos sentiríamos violentados ante el solo hecho de que pueda haber una cámara dentro de nuestra casa, incluso en un espacio no tan íntimo como las habitaciones o el baño. Pues esto es lo que hacen las redes sociales hoy: nos ponen una cámara de seguridad con el fin de recopilar información ni nos dejan tampoco saber cómo procesan esos datos y ni siquiera saber cuántos datos toman de nosotros diariamente.

Uno puede pensar que uno no tiene nada que ocultar o que hasta puede ser bueno para el consumidor recibir ofertas personalizadas. El problema es que la información es un negocio. Así, la información que le hemos dado inicialmente a WhatsApp (números de teléfono y conversaciones, como mínimo) ahora ha caído en manos de Facebook sin que nadie nos lo pregunte. Así de simple: nuestros datos han pasado de unas manos a otras sin que nosotros lo consintiéramos, para el beneficio de una empresa.

Para más inri, resulta que el "intercambio" es demasiado beneficioso para ellos y muy poco beneficioso para nosotros si nos damos cuenta de que podemos conseguir lo mismo sin pagar ese precio. Aquí he de romper una lanza a favor de Google y decir que, al menos, la información que recoge Google de nosotros se refleja en servicios útiles para el usuario y no solo en publicidad; piénsese, por ejemplo, en Google Now, el asistente personal de Android, Google Drive, Blogger, Google Code y un larguísimo etc. [Ver discusión abajo en los comentarios] Sin embargo, Facebook, Twitter o Instagram, etc., tan solo quieren vendernos publicidad (es curioso que G+ aún no lo haga, pero ya lo hará...) y nada más, bajo una pátina muy leve de "herramienta de comunicación" que, en realidad, sirve, más que para comunicarnos de verdad, para "quedar en contacto" o, más precisamente, para aquello a lo que se refiere la expresión inglesa stay in touch, que evoca ese dedo o mano que toca levemente a la otra persona simplemente para que se sepa que "uno está ahí". De ahí el impulso que crean las redes para que uno comparta cosas al menos con sus "amigos", para que la sensación de que "estamos en contacto" siga viva y, así, la red social también. Veo una foto de una persona que conocí en la carrera y de la cual me distancia un océano, veo que alguien ha escuchado un álbum en Spotify, cuelgo yo un estado de ánimo acompañado de una frase que me ha gustado... Todo eso, que responde sin duda a una necesidad social, es el "cebo" por el cual las redes sociales nos han atrapado, al precio de una enorme e incesante cesión de información.

Sí, Facebook tiene un chat que sirve para mucho más que "estar en contacto": sirve para hablar y tener una conversación. El problema es que antes teníamos Messenger, funcionaba igual de bien (o mal), y no cedíamos tanta información (aunque tampoco sabíamos cuánta, porque no era libre). WhatsApp era solo un chat para reemplazar los SMSs, pero inseguro, tampoco era libre y ahora, encima, cabe la posibilidad de que habremos pagado por un servicio que quizás acabe insertando publicidad en la aplicación o no... En todo caso, lo cierto es que con estos medios de comunicación no libres, los usuarios tenemos que acatar siempre lo que nos dicten las empresas, sin que nosotros (los que queremos comunicarnos) podamos hacer nada para evitarlo, salvo migrar a servicios mejores, por ejemplo, los que sí son libres y que permiten que la comunidad de usuarios moldeen los servicios para sus necesidades y no para las de una estrategia comercial.

Sin embargo, migrar es un problema. Como la información es un negocio y es el negocio de estas plataformas, te lo ponen difícil cerrándote el paso. Si hoy abandono WhatsApp no podré nunca comunicarme con nadie que lo use. Si abandono Facebook, dejo atrás a todas las personas que están allí. Si me gusta más Google+, no tengo forma alguna de comunicarme con a quien le gusta más Facebook. Esto, que es lo que se conoce como "estrategia de jardines vallados" (walled gardens), produce el llamado "efecto red" o "efecto del bar lleno", que consiste en que la gente se mantiene en la red social más exitosa por mala que sea, tan solo porque "allí está todo el mundo" (una variante del mismo es el "lo usa todo el mundo"). Una consecuencia de esto es que el coste de plantear una alternativa que sea viable (es decir, con usuarios) se vuelve muy alto, por lo que estas acaban en una red social muy reducida o en la nada absoluta. Y supongo que los lectores ya os imagináis la razón de por qué Facebook no quiere que uno pueda conectarse con un usuario de Google+ ni viceversa: porque ambas lo que quieren es captar a la mayor cantidad de usuarios, robándoselos a la otra, para obtener más información y, además, proteger las millones de fuentes de información gratuita que poseen.

Así pues, ¿qué alternativas libres hay a la situación actual? Daré a continuación un par de alternativas que os invito a probar.

Como red social al estilo Facebook o Google+, la estrella del Software Libre es el Proyecto Diaspora*. Diaspora* es una red generalista que, además de ser libre y segura, es descentralizada, lo cual quiere decir que uno "no se mete en Diaspora*" como uno "se mete en Facebook", sino que uno abre una cuenta y opera en un servidor que ejecuta la plataforma Diaspora*. Por ejemplo, uno puede abrirse la cuenta en diasp.org, joindiaspora.com, diasp.eu o cualquiera de los servidores que se muestran en el Podlist. Ahora bien, toda la red de Diaspora* está federada; esto quiere decir que alguien con cuenta en diasp.org puede comunicarse con otra persona en joindiaspora.org sin absolutamente ninguna barrera... Si os parece extraño, daos cuenta de que es exactamente igual a como funciona el correo electrónico: si yo uso GMail puedo enviarle un correo a alguien que use Hotmail o un servidor propio. La gran ventaja de esto, aparte de la privacidad, es que la red social, entonces, no depende de que a una empresa le vaya bien o mal o a la moda del momento: hay miles de personas que, voluntariamente, mantienen un servidor Diaspora*, por lo que, a largo plazo, es muy probable que siga existiendo. Sin embargo, desde el punto de vista de un usuario que venga de Facebook o Google+ es que el contenido suele gravitar en torno a temas de informática y Software Libre, política y "temas serios" porque la población que la usa no refleja para nada a la media de la población. Salvo que convenzamos a nuestro círculo de personas a utilizarla, difícilmente nos encontraremos a un conocido allí. Otra limitación que tiene, por ahora, es que no permite subir fotos de más de 4 MB de tamaño (para poder alojar la increíble cantidad de fotos que se suben a Facebook o Instagram al día se necesita muchísimo almacenamiento).

Para chatear, incluso desde el móvil, hay varias posibilidades. Ya hemos hablado de Telegram, cuyo cliente es libre, y funciona deliberadamente como WhatsApp para ayudar a que personas sin muchos conocimientos técnicos puedan adoptarlo. El problema que tiene es que su servidor no es libre y que, en sí mismo, también es un jardín vallado, ya que no permite comunicarse con usuarios de otras aplicaciones o redes. Por eso, es interesantísimo hablar de Jabber o, más exactamente, de XMPP. XMPP es un protocolo federado y libre que, como Diaspora*, permite que los usuarios puedan hablar entre sí sin importar en qué servidor se encuentren. Tanto es así que cualquier usuario de Jabber/XMPP (Jabber es el servicio original de XMPP; los nombres se suelen usar casi indistintamente al hablar del protocolo) puede incluso conectarse a las salas de chat de cualquier otro servidor (cosa que lo hace muy superior al antiguo IRC), salas que uno puede configurar para que funcionen como un grupo privado y que permanezca activo aun cuando ninguno de sus miembros esté conectado. Esto último puede ser útil para crear salas privadas para la familia o los amigos, por ejemplo. Y como es libre, uno puede elegir la aplicación de mensajería que más le guste, en la plataforma que más le guste (escritorio, móvil, web, etc.). Pidgin es una opción que funciona bajo Windows, OS X y, por supuesto, Linux. Para Android están Xabber y jTalk, todos liberados bajo la GPL.

Finalmente, hay dos redes sociales que quiero apenas mencionar, por curiosas. Pump.io es un experimento un tanto raro que es un híbrido entre microblog y red social; una de las características que puede chocar de esta red es que no permite buscar a los usuarios. En esto se asemeja más a un servicio de chat como Jabber (o Messenger) en que uno tiene que conocer el nombre de usuario o la URL del muro del usuario para poder agregar a la persona. Por supuesto, también es descentralizada y federada, pero está en un estadio muy embrionario y es bastante engorrosa de usar, en mi opinión. La otra es GNU Social, del mismísimo proyecto GNU, que consiste en una especie de Twitter descentralizado y federado (de hecho, el servidor Quitter.se imita la interfaz antigua de Twitter).

Si os interesa liberar vuestra comunicación con amigos, conocidos y seguir a gente interesante sin renunciar a vuestros derechos legalmente reconocidos, os recomiendo vivamente que os miréis esta guía para empezar en Diaspora* y estas dos para Jabber, la del blog LiGNUx y la de Comunícate libremente. Obviamente, hay que ser realistas y saber que no podremos convencer a todo el mundo a pasarse a estas redes o servicios de la noche a la mañana, pero si de a poco las vamos usando para fines particulares, mejor. Hay que ir creando el hábito. Mientras tanto, estaremos más o menos forzados a usar las redes no libres (en especial aquellos que tenemos blogs que queremos difundir), pero nada nos impide desde ya comenzar a usar servicios que sí respetan nuestros derechos y libertades en la red.

Si os habéis fijado, he eliminado los widgets de Facebook, Twitter y Google+ de la barra lateral del blog. Como sabéis, estos widgets son parte de la estrategia de rastreo de usuarios que hacen estas redes y, en realidad, aportan bastante al usuario poco más que el link al perfil en cada red social. Sé que aún no hay perfil del blog en Diaspora*, pero mientras tanto, podéis seguir mi perfil personal allí:emvigo@diasp.eu.

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